, cap. 6). Rothman y Lichter (1982, 81) citan a otro observador de la nueva izquierda en la Universidad de Wisconsin: “Me impresiona la falta de gente que haya nacido en Wisconsin y la preponderancia masiva de judíos neoyorquinos. La situación de la Universidad de Minnesota es similar.” Su corresponsal respondió: “Tal y como lo ves, la izquierda de Madison está constituida por los judíos de Nueva York”.
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n Sexpartylady o se parecía bastante a la atmósfera del movimiento comunista polaco descrito por Schatz (1991, 117): intensas discusiones pilpul donde la propia reputación como izquierdista dependía de la habilidad de análisis marxista, y a estar familiarizado con el saber intelectual del marxismo: ambos de los cuales requieren grandes cantidades de estudio.
También hubo mucha hostilidad hacia las instituciones culturales de Occidente, como si éste fuera política y sexualmente opresivo, combinado con un omnipresente sentido de peligro y destrucción inminente por las fuerzas de la represión: una mentalidad bunker sobre el propio grupo; la cual, creo, es una característica fundamental de las formas sociales judías. Había una actitud de superioridad moral e intelectual; incluso había desprecio hacia la cultura americana tradicional, particularmente hacia la América rural y más aún la del Sur: actitudes que tienen toda la pinta de varios de los movimientos intelectuales que estudiamos aquí (p.ej., las actitudes de los comunistas judíopolacos hacia la cultura polaca tradicional; véanse también los caps. 5 y 6). También hubo un fuerte deseo de una sangrienta y apocalíptica venganza contra toda la estructura social, vista como habiendo victimando no sólo a los judíos sino a los gentiles por igual.
Estos estudiantes tenían actitudes muy positivas hacia el judaísmo a la vez que actitudes negativas hacia el cristianismo; aunque, y quizá esto sorprenda, en sus mentes el contraste más sobresaliente entre las dos religiones era lo relacionado a la sexualidad. En línea con gran parte de la influencia freudiana de ese período, la tendencia general era contrastar la putativa permisividad sexual del judaísmo con la represión y la gazmoñería del cristianismo, y este contraste se relacionó a los análisis del sicoanálisis que atribuían varias formas de psicopatología—e incluso el capitalismo, el racismo y otras formas de opresión política—a las actitudes cristianas sobre la sexualidad (véase caps. 4 y 5 para una amplia discusión del contexto de este tipo de análisis). La poderosa identificación judía con estos radicales que protestaban en contra de la guerra de Vietnam se contraponía con su intensa preocupación y eventual euforia alrededor de la Guerra de Seis Días de Israel en 1967.
También vale notar que en Wisconsin el movimiento estudiantil idolatraba a algunos profesores judíos, en especial al carismático historiador social Harvey Goldberg, cuyas conferencias que presentaban la visión marxista de la historia social europea cautivaban a una gran audiencia en la sala de conferencias más grande de la universidad; así como otros judíos de izquierda, incluyendo a León Trotsky, Rosa Luxemburgo y Herbert Marcuse (la tendencia de los movimientos intelectuales judíos de estar centrados alrededor de figuras judías altamente carismáticas es aparente en este capítulo y se resume como fenómeno general en el capítulo 6). Estos judíos solían adoptar una actitud de condescendencia hacia otro historiador bien conocido, George Mosse. La judeidad de Mosse era bastante conspicua para ellos, pero se le veía como insuficientemente radical.
84. Paul Gottfried (1996, 9-10), un judío conservador, tiene esto que decir acerca de sus años escolares en el Yale de los años sesenta: “Ya licenciados, todos mis compañeros judíos en la escuela eran ruidosos anti-anti-comunistas. Se oponían al capitalismo imperialista, pero a la vez se mostraban entusiastas belicistas sobre la guerra árabe-israelí de 1967. Un marxista judío conocido mío se enfureció que los israelíes no reclamaran todo el Medio Oriente al final de la guerra. Otro, aunque feminista, se lamentaba que los soldados israelíes no violaran a más mujeres árabes. No sería exageración decir que mis días de licenciado resonaron con histeria judía en una institución donde los anglosajones protestantes parecían contar sólo como decorado”.
85. Véase también Arthur Liebman (1979, 5-11), Charles Liebman (1973, 140), y las críticas de Rothman y Lichter (1982, 112) a Fuchs.
86. El neoconservadurismo americano es específicamente un movimiento político judío, pero no es relevante al argumento de Pipes al aplicarlo a los bolcheviques porque sus proponentes poseen una abierta identidad judía y el movimiento está dirigido a lograr el cumplimiento de intereses judíos: por ejemplo respecto a Israel, la acción afirmativa y las políticas de inmigración.
87. La ortodoxia religiosa también era compatible con la atracción al anarquismo. Alderman (1983, 64) cita a un escritor contemporáneo a efecto de que “los anarquistas lograron tal popularidad que casi se volvió respetable. Un simpatizante podría colocarse sus filacterias en la mañana de una huelga auspiciada por anarquistas, bendecir a Rocker [un líder anarquista gentil], y todavía ir al servicio ortodoxo judío en la tarde”.
88. En el estudio de Rothman y Lichter (1982, 217), el radicalismo entre judíos estadounidenses estaba inversamente relacionado a la ortodoxia judía. Lo que es más, había una mayor grieta entre los estudiantes de corte radical provenientes de hogares afiliados a una denominación judía religiosa (ortodoxa, conservadora, reformista) comparados con el alto radicalismo entre quienes provenían de hogares sin una afiliación judía específica. Estos resultados sugieren una vez más que el radicalismo funcionaba como una suerte de judaísmo secular entre este último y más amplio grupo.
89. Levey (1996), en su estudio de la literatura sobre la atracción de los judíos americanos hacia el liberalismo, rechaza la teoría de Medding (1977): que la conducta política judía es una función de los “intereses micropolíticos de los judíos”. No me persuadió el argumento de Levey. Por ejemplo, Levey sugiere que la amenaza del antisemitismo no puede explicar el porcentaje de judíos que votan por el Partido Demócrata porque el porcentaje de los judíos que ven al Partido Republicano como antisemita es mucho más bajo que el porcentaje que votan Demócrata; y algunos judíos eran Demócratas a pesar de que percibían el antisemitismo en ese partido.
Sin embargo, el antisemitismo observado puede ser sólo una razón por la que los judíos votan contra los republicanos. Como se ha enfatizado aquí, otro interés judío que se ha observado es promover el pluralismo étnico y cultural. Además, como se indica en las citas de Silberman (1985) presentadas en la pág. 84, la mente judía asocia mucho más al Partido Demócrata con el pluralismo (y supongo que el resto de la gente) que con el partido Republicano. Por otra parte, no parece verosímil negar el hecho que los neoconservadores judíos persigan sus propios intereses—especialmente el apoyo a Israel y la promoción de un pluralismo étnico y cultural—dentro del Partido Republicano. Por lo mismo, parece difícil suponer que los judíos que votan Demócrata no estén asimismo prosiguiendo sus intereses étnicos dentro de ese partido.
90. Similarmente, como se indicó en los capítulos 4 y 5, tanto el sicoanálisis como la ideología de la Escuela de Frankfurt le restan importancia a las diferencias étnicas y culturales; se enfrascan en críticas radicales de la cultura gentil cuando, simultáneamente, permiten la continuidad de la identidad judía. Rothman e Isenberg (1974a, 75) señalan que el tema de combinar la hostilidad hacia la cultura gentil con la aceptación de una cultura universal puede verse en el libro de Philip Roth, Portnoy’s Complaint. “Portnoy se considera a sí mismo como un tipo de radical, y desprecia a sus padres por su provincialismo judío y su odio a los cristianos. Supuestamente se identifica con los pobres y desposeídos, pero en su diatriba hacia su analista manifiesta que su identificación está basada, por una parte, en sus sentimientos de inferioridad; y por otra, en su deseo de ‘echarse a los gentiles’”.
91. Conocido por su talento como orador y su brutalidad hacia los contrarrevolucionarios, Lev Zinoviev fue un estrecho allegado a Lenin, y mantuvo diversos y muy visibles puestos en el gobierno soviético. Moisei Solomonovich Uritsky fue el brutal jefe de la Checa en Petrogrado.
92. La sobrerrepresentación de judíos en la revolución bolchevique ha sido una gran fuente de antisemitismo desde la revolución, y fue prominente en los escritos nazis sobre los judíos (p. ej., Mein Kampf). El período subsecuente al colapso del comunismo en la Unión Soviética suscitó una controversia respecto al grado e importancia del papel jugado por los judíos en engendrar y mantener la revolución, frecuentemente con fuertes matices de antisemitismo. En su libro de 1982 Russophobia, Igor Shafarevich, un matemático y miembro de la prestigiosa Academia Nacional Americana de Ciencias (NAS por sus siglas en inglés), arguyó que los judíos eran hostiles a la cultura rusa, y cargaban con la responsabilidad de la Revolución Rusa (véase Science 257, 1992, 743; The Scientist 6[19], 1992, 1). La NAS le pidió a Shafarevich que renunciara a su cargo en la academia, lo cual rehusó a hacer. Véanse también los comentarios de Norman Podhoretz’s (1985) sobre el antisemitismo latente de Aleksander Solyenitsin.
93. Similarmente, Himmelstrand (1967) señala que los Ibo en Nigeria eran los más acérrimos partidarios de que un gobierno nacionalista constituyera de todas las tribus. Sin embargo, cuando fueron desproporcionadamente exitosos en esta nueva forma no tribal de organización social, hubo un violento contragolpe hacia ellos, por lo que intentaron abandonar el gobierno nacional en favor de establecer su propia tierra natal tribal.
94. La composición étnica de la mesa directiva de Psychoanalytic Quarterly es abrumadoramente judía, lo cual sugiere que el sicoanálisis sigue siendo un movimiento fundamentalmente judío. El editor, seis o siete de los editores asociados, y 20 de 27 miembros de la mesa editorial en el volumen de 1997 tienen apellidos judíos.
95. El continuo papel del sicoanálisis en el movimiento de la liberación sexual puede verse en un reciente debate sobre la sexualidad adolescente. Un artículo de Los Angeles Times (feb. 15, 1994, A1, A16) señaló la oposición de la Unión Americana de Libertades Civiles y Planificación Familiar a un programa escolar que defendía el celibato adolescente. Sheldon Zablow, un siquiatra y vocero de esta causa, aseveró: “Estudios repetidos muestran que si tratamos de reprimir los sentimientos sexuales éstos pueden salir más tarde en formas más peligrosas—abuso sexual, violación” (p. A16). Esta fantasía sicoanalista fue exacerbada por la afirmación de Zablow de que la abstinencia sexual nunca ha funcionado en toda la historia humana: un alegato que muestra su ignorancia en cuestiones históricas y en la conducta sexual en Occidente (incluyendo la conducta sexual judía), al menos desde la Edad Media hasta el siglo XX (p. ej., Ladurie 1986). No estoy consciente de ninguna sociedad humana estratificada y tradicional–ciertamente no las sociedades musulmanas–que haya optado por el punto de vista que era imposible e indeseable prevenir la actividad sexualidad adolescente, especialmente el de niñas. Como lo señaló Goldberg (1996, 46): “Dentro del mundo de las organizaciones liberales como la ACLU, la influencia judía es tan profunda que los no judíos a veces borran la distinción entre ellos y la comunidad judía formal”.
96. Algo que también sugiere engaño es que dos miembros judíos del comité secreto de Freud, Otto Rank y Sandor Ferenczi, hayan alterado sus nombres para no parecer judíos (Grosskurth 1991, 17).