El romanticismo del terror, herencia del gothic feeling, y el glamour de la Riviera francesa no siempre fueron incompatibles en esta obra del genial director. La atroz calavera de la madre de Tony Perkins en Psicosis bien pudo haber lucido el collar de Grace Kelly en Atrapa a un Ladrón. A la cabeza disecada que aterroriza a Ingrid Bergman en el lecho de Atormentada no le habría sentado mal la diadema que luce la actriz en alguna secuencia del filme. Diadema que fue, además, muy promocionada del mismo modo que para los stills en color destinados a la prensa los fotógrafos recurrieron a un tipo de iluminación basado en las pinturas inglesas del XVIII.
Y es que mientras Hitchcock preparaba sus complejos edificios emocionales, los artífices de los grandes estudios -Warner, Paramount o Metro- creaban las suntuosas iconografías destinadas a la imposición del glamour en la prensa de todo el mundo. Fotógrafos, iluminadores, figurinistas, maquilladores, joyeros y hasta algún peletero contribuyeron a convencer al público de que el terror también podía introducirlos en un emporio de quimeras sofisticadas.