Sexpartylady 0asearch asearch searche Sexpartylady s Andre p News Ana Sexpartylady s News a Andre ch 139 raNe 139 sy 139 139 aayPsearchesearchrhsearchsaa News c 139 e Sexpartylady N Sexpartylady w 139 search Andre 3search searchse Andre rc Sexpartylady o News A 139 dr News search searche Andre s 139 lai News f News u 139 esearcht News 139 isearchroad Sexpartylady searchosearchm News n Sexpartylady O searchrsearchwsearch, News Life against Death: The Psychoanalytical Meaning of History (1985; originalmente publicado en 1959), acepta del todo el análisis de Freud sobre la cultura tal como se delinea en Civilization and Its Discontents. Según Brown, la doctrina freudiana más importante es la de la represión de la naturaleza humana, especialmente la represión de buscar el placer. Esta neurosis causada por la represión es una característica universal de los humanos, pero Brown alega que la historia intelectual de la represión se originó en la filosofía y religión occidentales. En términos altamente reminiscentes de algunos de los primeros socios de Freud, Brown señala a un futuro utópico en donde existe una “resurrección del cuerpo” y una completa liberación del espíritu humano.

110. Es interesante que Kurzweil (1989) diga que el sicoanálisis era central en la crítica cultural tanto en Estados Unidos como en Francia, pero que el papel del marxismo en el análisis critico difería en los dos países. En los Estados Unidos, donde el marxismo era anatema, los críticos combinaron a Marx con Freud; mientras que en Francia, donde el marxismo estaba mucho más arraigado, el sicoanálisis fue combinado con el lingüismo estructural. El resultado fue que “en ambos países las afirmaciones radicales del sicoanálisis estaban basadas en la oposición a los discursos teóricos familiares aceptados y a los prejuicios existentes” (pág. 244).

111. Como otro ejemplo, Kurzweil describe un proyecto en donde el personal de tiempo completo de veinte sicoanalistas falló en alterar las tendencias antisociales de diez criminales endurecidos a través de un programa de rehabilitación. El fallo fue atribuido a la dificultad de revertir el efecto de las experiencias tempranas, y hubo llamados de aplicar un sicoanálisis preventivo a todos los niños alemanes.

112. Parte de esto fue la práctica consciente de autocensura a fin de remover el lenguaje marxista de sus publicaciones; de manera que, por ejemplo, el “marxismo” se reemplazó por “socialismo” y “medios de producción” por “aparato industrial” (Wiggershaus 1994, 366). Así la sustancia marxista permaneció; aunque, por medio de este engaño, el Instituto podía intentar distender acusaciones de dogmatismo político.

113. Marcuse permaneció un ardiente comunista después de que Adorno y Horkheimer abandonaran el comunismo. En un documento interno del Instituto de 1947, Marcuse escribió, “Los partidos comunistas son, y serán, la única fuerza antifascista. Denunciarlos debe ser puramente teórico. Tales denuncias se hacen conscientemente del hecho de que el cumplimiento de la teoría es sólo posible a través de los partidos comunistas” (en Wiggershaus 1994, 391). En el mismo documento Marcuse promulgó la anarquía como mecanismo para lograr la revolución. No obstante, Marcuse y Horkheimer nunca cesaron de tener contacto entre sí, y Horkheimer fue un admirador de libro de Marcuse Eros y la civilización (Wiggershaus 1994, 470) como un reflejo de la posición del Instituto de que la represión sexual resultaba en dominio sobre la naturaleza y que acabar con esa represión debilitaría las tendencias destructoras.

114. La tesis general de Dialectic of Enlightenment es que la Ilustración reflejaba el intento occidental de dominar la naturaleza y suprimir la naturaleza humana. El fascismo era así visto como la encarnación final de la Ilustración, en tanto que esta representaba la apoteosis del dominio y del uso de la ciencia como instrumento de la opresión. Desde esta perspectiva, el colectivismo fascista es el vástago lógico del individualismo occidental: una perspectiva fantasiosa, por decir lo menos. Como dijimos en PTSDA (cap. 8), la naturaleza colectivista del fascismo no ha sido una característica de las organizaciones políticas en Occidente. Más que cualquier otro grupo cultural, las culturas occidentales han tendido hacia el individualismo, desde el mundo grecorromano en la antigüedad.

En contraste, el judaísmo es paradigma de una cultura de grupo orientado al colectivismo. Como lo dijo Charles Liebman (1973, 157), fueron los judíos quienes “buscaron las opciones de la Ilustración pero rechazaron las consecuencias” por medio de—por decirlo con mis palabras—mantener un fuerte sentido de identidad en una sociedad nominalmente dedicada al individualismo. Y como argüimos en SAID (caps. 3-5), no hay buena razón para suponer que la presencia de los judíos como un exitoso grupo en cuanto a estrategias evolutivas fuera condición necesaria para el desarrollo de prominentes ejemplos de colectivismo en Occidente.

115. El estilo filosófico de Adorno es virtualmente impenetrable. Véase la humorística, aunque válida, disección de Karl Popper (1984) sobre la vacuidad pretenciosa del lenguaje de Adorno. Piccone (1993) sugiere que la difícil prosa de Adorno era necesaria para camuflar su intención revolucionaria.

116. La visión de que todos los males modernos—incluyendo el Nacional Socialismo, el colectivismo, la rebelión adolescente, la enfermedad mental y la criminalidad—se deben a la supresión de la naturaleza, incluyendo la naturalaza humana, también es patente en Eclipse of Teason de Horkheimer (1947, 92ss). En un pasaje que directamente se conforma a las perspectivas sicoanalíticas discutidas en el capítulo 4, se dice que la supresión de la naturaleza inicia desde el nacimiento:

Cada ser humano experimenta el aspecto dominante de la civilización desde su nacimiento. Para el niño, el poder del padre le parece abrumador; sobrenatural en el sentido literal de la palabra. Las órdenes de los padres son una inexorable fuerza espiritual. Van más allá de la naturaleza. El niño sufre al someterse a esa fuerza. Es casi imposible para un adulto recordar todas las punzadas que experimentó de niño al seguir las incontables admoniciones de no sacar su lengua, no imitar a otros, no estar desaliñado u olvidarse de lavar sus oídos. En tales demandas el niño es confrontado con los postulados fundamentales de la civilización. Al niño se le fuerza a resistir la presión inmediata de sus impulsos; a diferenciar entre él mismo y el medio; a ser eficiente—en suma, por decirlo en términos freudianos, a adoptar un superyó que abarque todos los llamados principios que los padres y otras figuras paternales le imponen (págs. 109-110).

117. En un comentario que predata la tesis de La personalidad autoritaria, que los antisemitas no son introspectivos, Horkheimer y Adorno declaran que el antisemitismo no es simple proyección, sino una proyección sin reflexión. Los antisemitas no tienen vida interior y, por lo mismo, tienden a proyectar sus odios, deseos e insuficiencias sobre el medio: “El mundo exterior es investido con su propio contenido” (pág. 190).

118. Como una muestra de la identificación autoconsciente en el judío de la Escuela de Frankfurt, Horkheimer atribuyó la reticencia de los teóricos de Frankfurt de “nombrar al otro” al cumplimiento del tradicional tabú judío de nombrar a Dios o de describir el paraíso (véase Jay 1980, 139).

119. Los teóricos de Frankfurt heredaron una fuerte oposición al capitalismo de sus previas y radicales creencias. Irving Louis Horowitz (1987, 118) señala que los llamados críticos teóricos estaban “atrapados entre la Drimia del capitalismo—la cual despreciaban como sistema de explotación (cuyos frutos sin embargo gozaban)—y la Escila del comunismo: que también despreciaban como un sistema peor de explotación (aunque, a diferencia de sus contrapartes rusojudíos, no comieron de sus amargos frutos)”.

120. Una interesante característica del material de esa sección de La personalidad autoritaria es un intento de demostrar la irracionalidad del antisemitismo por medio de mostrar que los antisemitas mantienen creencias contradictorias acerca de los judíos. Como se señaló en SAID (cap. 1), de las creencias antisemitas no necesariamente se espera que sean ciertas, o incluso lógicamente consistentes. Sin embargo, La personalidad autoritaria exagera la naturaleza autocontradictoria de las creencias antisemitas al enfatizar su naturaleza irracional y proyectiva. Así, Levinson declara que es contradictorio que los individuos crean que los judíos tienen mentalidad de clan y sean, por tanto, distantes; así como la creencia que los judíos deben ser segregados y restringidos (pág. 76). Similarmente, en otro libro de la serie Studies in Prejudice Ackerman y Jahoda (1950, 58) proponen que son contradictorias las actitudes antisemitas acerca de que los judíos forman un clan y son distantes.

El estar de acuerdo en estas cosas no es autocontradictorio. Tales actitudes son probablemente un componente común en el proceso reactivo discutido en SAID (caps. 3-5). Los judíos son vistos por estos antisemitas como miembros de un grupo fuertemente cohesivo que intentará penetrar los círculos gentiles de poder y los altos estatus sociales, quizá incluso socavando la cohesividad de los grupos gentiles, al mismo tiempo de mantener su propio separacionismo y espíritu de clan. La creencia de que los judíos deben ser restringidos es coherente con esta actitud.

Lo que es más, la objeción de que los estereotipos negativos sobre los judíos que han probado ser contradictorios, tales como que son capitalistas y comunistas (Ackerman y Jahoda 1950, 58), puede aplicarse por los antisemitas a grupos diferentes de judíos, y estos procesos estereotípicos pueden tener algo de verdad: los judíos pueden estar sobrerrepresentados entre los capitalistas exitosos y entre los líderes políticos radicales. Como se dijo en SAID