search8search Sexpartylady esearcho Sexpartylady ssearchsearchasearcha Andre usearch News e Andre t Andre nsearchdsearch Andre n News c Sexpartylady nsearchi Sexpartylady e Sexpartylady a Sexpartylady la Andre o Andre t Sexpartylady csearcho Sexpartylady psearchoeaisearchn Sexpartylady lsearchc Sexpartylady n Andre R Sexpartylady csearchasearchdsearchLsearchr Andre e Andre Sexpartylady q News e e News an Andre t News e Andre p searchjrcisearch Andre u Sexpartylady aisearchfauesearchc Andre a News iap Sexpartylady r Andre a Andre t Sexpartylady nm Sexpartylady Sexpartylady e News s Andre msearche Sexpartylady t Andre . Andre nsearchlo Andre nsearchcaoa dsearch m Andre Sexpartylady asearchrr News searcher Andre e Andre News sar Sexpartylady bsearch Andre searchaatasearch pa Sexpartylady aarsearchco Andre e Andre d News rm News ,searcht News no searchusearchn News o ssearchlc News t Andre ba p Sexpartylady s News c Andre ones Sexpartylady a Sexpartylady asearchsearchmisearchaa cmsearch drasearchte e News searchroceso de revisión de mi titularidad después de haber obtenido el empleo.

El rechazo del determinismo biológico es claramente central en la base teórica de mi trabajo en este libro y ha sido, por igual, una característica de mis escritos en el área de la sicología del desarrollo. De hecho, me tomé la molestia de citar el trabajo de Lerner sobre la plasticidad del desarrollo en mis escritos, y el citó algo de mi trabajo sobre el mismo tema en On the Nature of Human Plasticity. También contribuí a dos libros coeditados por Lerner (Biological and Psycho-social Interactions in Early Adolescence y Encyclopedia of Adolescence).

Lo que es más, también he estado influenciado fuertemente por la perspectiva contextualista en la sicología del desarrollo de Urie Bronfenbrenner y Richard Lerner, y he citado varias veces a Lerner en este asunto (véase mi Social and Personality Development: An Evolutionary Synthesis [MacDonald 1988a, cap. 9, y Sociobiological Perspectives in Human Development [MacDonald 1988b]). Como resultado de esta influencia, hice un gran esfuerzo para reconciliar el contextualismo con el enfoque evolutivo. Dentro de esta perspectiva, la estructura social no está determinada por la teoría evolutiva, con el resultado que el desarrollo humano tampoco se encuentra determinado por influencias biológicas. (Por cierto, en el capítulo 9 de Social and Personality Development: An Evolutionary Synthesis muestro cómo el Nacional Socialismo afectó la socialización de los niños alemanes, incluyendo su adoctrinamiento antisemita.) Esta perspectiva teórica sigue siendo central en mi visión del mundo y ha sido descrita en cierto detalle en PTSDA (cap. 1).

69. Las perspectivas antiteóricas no están muertas en antropología. Por ejemplo, el muy influyente Clifford Geertz (1973) llevó la tradición particularista boasiana de la antropología en su rechazo a los intentos de hallar generalizaciones, interpretaciones o leyes hermenéuticas en la cultura humana, en favor de lo subjetivo: sistemas de significado simbólico únicos a cada cultura. Aplicados al presente proyecto, tales perspectivas teóricas podrían, por ejemplo, ponderar en el significado subjetivo religioso de los judíos en el mandamiento del Pentecostés (ser fructíferos y multiplicarse y su temor a la exogamia) más bien que intentar describir los efectos del cumplir esos mandamientos en lo que respecta a las aptitudes de grupo e individuales; la estructura de las poblaciones genéticas de los judíos, el antisemitismo, etcétera.

70. Es interesante que el teórico protonazi Houston Stewart Chamberlain hizo un intento de desacreditar la ciencia debido a su percibida incompatibilidad con sus metas políticas y culturales. Mucho antes de la ideología anticientífica de la Escuela de Frankfurt y el posmodernismo contemporáneo (véase capítulo 5), Chamberlain arguyó que la ciencia era una construcción social y que el científico era un artista dedicado a desarrollar una representación simbólica de la realidad. “Tan fuerte fue su insistencia en la naturaleza mítica de la teoría científica que sustrajo toda posibilidad real de escoger entre un concepto y el otro, abriendo así la puerta para la arbitrariedad subjetiva” (Field 1981, 296).

En lo que creo que es un reflejo exacto de las motivaciones de muchos en el movimiento anticientífico, el subjetivismo de Chamberlain estaba motivado por su creencia de que recientes investigaciones científicas no apoyaban sus teorías raciales sobre la diferencia entre humanos. Cuando la ciencia entra en conflicto con la agenda política, lo más cómodo es desacreditar a la ciencia. Como se dijo en SAID (cap. 5), Chamberlain también fue muy hostil hacia la teoría evolutiva por razones políticas.

Sorprendentemente, Chamberlain elaboró argumentos anti-seleccionistas en oposición al darwinismo que predataba aquellos argumentos similares de la crítica moderna del adaptacionismo tal como los de Richard Lewontin y Stephen Jay Gould, reseñados en este capítulo. Chamberlain veía el énfasis darwiniano en la competencia y la selección natural, aspectos del proceso evolutivo, simplemente como la versión antropocéntrica del siglo XIX, “el dogma del progreso y la perfectibilidad adaptada a la biología” (Field 1981, 298).

71. El tema de la judeidad de Marx ha sido debatido continuamente (véase Carlebach 1978, 310ss). A través de su vida, Marx se asoció tanto con judíos practicantes como con individuos de judeidad ancestral. Lo que es más, él era considerado por otros como judío y sus oponentes continuamente le recordaban su judeidad (véase también Meyer 1989, 36). Como se indica más abajo, tal judeidad impuesta externamente puede haber sido común entre los judíos radicales y seguramente implica que Marx permaneció consciente de ser judío. Como muchos otros intelectuales judíos estudiados aquí, Marx sentía antipatía hacia la sociedad gentil.

Sammons (1979, 263) describe la base de la atracción mutua entre Heinrich Heine y Karl Marx al notar que “no eran reformadores, sino enemigos, y este fue probablemente el mayor lazo entre uno y el otro”. También podría haber una dosis de engaño. Carlebach (1978, 357) sugiere que Marx podría haber visto su judeidad como un lastre, y Otto Rühle (1929, 377) sugiere que Marx–como Freud; véase el cap. 4–llegó incluso a negar su judeidad a fin de prevenir la crítica.

Muchos escritores han enfatizado la judeidad de Marx y han encontrado elementos judíos (p. ej, el mesianismo, la justicia social) en sus escritos. Un tema en los escritos antisemitas (entre los más notables, quizá los escritos de Hitler) fue proponer que Marx había tenido una agenda específicamente judía al propugnar una sociedad mundial dominada por judíos en donde el nacionalismo gentil, la conciencia étnica de los gentiles y las elites tradicionales serían eliminadas (véase Carlebach 1978, 318ss).

72. Asimismo, Levin (1988, 280) señala que algunos activistas de la yevsektsiya claramente se veían a sí mismos promoviendo al nacionalismo judío como compatible con la existencia de la Unión Soviética. “Podría decirse que la yevsektsiya prolongó la actividad judía y ciertos niveles de conciencia judía debido a sus esfuerzos de sacar un nuevo concepto de una judería muy maltratada y traumatizada a través de un costo incalculable”.

73. Una encuesta secreta publicada en 1981 (New York Times, feb. 20) sobre un banco de datos de 1977 indicó que el 78 por ciento de los judíos soviéticos decían que tenían “aversión de que un pariente cercano se casara con un no judío”, y el 85 por ciento “quería que sus hijos o nietos aprendieran yidis o hebreo.” Otros resultados indican un fuerte y continuo deseo de una cultura judía en la Unión Soviética: 86 por ciento de los judíos querían que sus hijos fueran a escuelas judías, y el 82 por ciento propugnaron establecer un periódico en ruso para judíos.

74. Debe señalarse que en 1903 Trotsky declaró en una conferencia del Partido Laboral Ruso Socialdemócrata (la mayor organización unificadora para el socialismo ruso de ese tiempo) que él y otros representantes judíos “nos consideramos representantes del proletariado judío” (en Frankel 1981, 242). Esto sugiere que tanto él alteró su identidad personal o que su comportamiento posterior fue motivado por preocupaciones para evitar el antisemitismo. Trotsky también fue parte del nexo étnico entre el sicoanálisis y el bolchevismo en la Unión Soviética, así como un ardiente entusiasta del sicoanálisis; el cual, como se señaló en el capítulo 4, debe ser considerado un movimiento intelectual judío.

El punto más alto de la asociación entre el marxismo y el sicoanálisis se dio en los años veinte en la Unión Soviética, donde los analistas encumbrados eran bolcheviques partidarios de Trotsky, y se encontraban entre las figuras políticas más poderosas del país (véase Chamberlain 1995). En un trabajo que aún es considerado antisemita por las organizaciones judías (véase nota 22), Igor Shafarevich (1989) señala que Trotsky tenía un director adjunto judío al cual los escritores judíos idolatraban. Cita una biografía de Trotsky en que dice: “Incluso parece que a su modo estaba ‘obsesionado’ con la cuestión judía: escribió sobre ello casi más que cualquier otro revolucionario”.

Shafarevich también describe otros casos de comunistas e izquierdistas judíos que tenían tendencias muy pronunciadas hacia el nacionalismo judío. Por ejemplo, Charles Rappoport, quien sería líder del Partido Comunista Francés, es citado diciendo que “El pueblo judío [es] portador de todas las grandes ideas de unión y comunidad humana en la historia… La desaparición del pueblo judío significaría la muerte de la humanidad, la transformación final del hombre en bestia salvaje” (pág. 34).

75. Comentarios similares continúan como tema en los escritos sobre los judíos en los Estados Unidos contemporáneos. Joseph Sobran (1995, 5) describe a judíos que mantienen fronteras furtivas y tratan falsamente con los gentiles. Raymond Chandler una vez observó que los judíos quieren ser judíos entre ellos pero que resienten ser vistos como tales por los gentiles. Quieren proseguir sus propios intereses y al mismo tiempo pretender que no tienen tales intereses, usando la acusación de “antisemitismo” como espada y como escudo. Como lo dijo Chandler, son como un hombre que rehúsa dar su verdadero nombre y dirección pero insiste que lo inviten a las mejores fiestas. Infortunadamente, es este tipo de judío el que ejerce el mayor poder y tuerce las reglas para los gentiles.

76. Considérese el siguiente comentario acerca de Heinrich Heine, quien fue bautizado pero que mantuvo una fuerte identidad judía: “Cada vez que los judíos eran amenazados—sea en Hamburgo durante los disturbios Hep-Hep, o en Damasco en tiempos de acusaciones de asesinatos rituales—Heine de inmediato sintió la necesidad de solidarizarse con su gente” (Prawer 1983, 762).

77. Los cambios culturales incluyeron la supresión de la ciencia en pro de intereses políticos y la canonización de los trabajos de Lysenko y Pavlov. Si bien el trabajo de Pavlov sigue siendo interesante, a un evolucionista le impresiona la elevación del lysenkoismo a nivel de dogma. El lysenkoismo estaba inspirado políticamente en el lamarckianismo, el cual era útil al comunismo por la implicación de que la gente podía ser biológicamente modificada al cambiar el medio ambiente. Como se indica en el capítulo 2 (véase la nota 1), los intelectuales judíos estuvieron fuertemente apegados al lamarckianismo debido a su utilidad política.

78. Los camaradas “probados” constituyeron una comunidad clandestina en la Polonia anterior a la guerra. Cuando llegaron al poder se aliaron con otros judíos que no habían sido comunistas antes de la guerra.