ersas gentes y grupos, por sobrehumana que sea la capacidad de testigo imparcial y el grado de pasividad que se requiera.<br /><br />Así, uno de los principales objetivos pacificadores a partir de un momento de maduración (punto crucial, efecto masa o salto "cuántico" interdimensional e interabismal) de un genuino proceso de paz debería de ser capaz de utilizar los territorios y límites fronterizos para mantener un sentimiento de acceso a los llamados "centros de apertura" "o islas de paz conjuntas". En dichos oasis psicosociales las diversas identidades específicas deciden no crear más fronteras impermeables para que la comunicación con otros grupos no se restrinja o destruya (la ya mencionada territorialidad benigna de Jordan). Se logra así que las relaciones se constituyan entre identidades personales distintas delimitadas por fronteras claras pero diluidas y permeables. La territorialidad benigna es una condición que favorece los procesos de resolución de conflictos. Por el contrario, la territorialidad maligna (Jordan, 1996) consistiría en exigir la creación de fronteras impermeables y rígidas que estimulen la disociación y refuercen el desarrollo tanto de auto-imágenes negativas, a veces disfrazadas de narcisismo de clase o raza, como de imágenes falseadas del enemigo. Esta última perspectiva cierra también toda posiblidad hacia cualquier nuevo aprendizaje, reevaluación, experiencias cumbres y originales, profundidad e interrelación. Otra meta a alcanzar para reducir la complejidad existente es que la totalidad del Conjunto Vital, sin exclusión alguna, permanezca abierto a considerar alternativas originales, creativas e inéditas, al mismo tiempo que a perder el miedo a la novedad (misoneísmo). De esta manera se logra una buena relación con las tendencias más constructivas de todos los demás dejando a un lado o, incluso mejor, enterrados detrás, los aspectos más deteriorados, primitivos y subdesarrollados de toda naturaleza y de la misma confrontación.<br /><br />H) Construcción de sentido y significado para todos. Pensar en la posibilidad de crear, o descubrir, un campo vital de significado universal, tal vez estructurado como gran y nuevo mito fratriarcal, es reconocer que la perspectiva propia puede evolucionar, que no es cerrada ni eterna, que "mi" perspectiva es sólo eso, una perspectiva más, pero que en principio hay otras tan válidas como "la mía". Por el contrario, si alguien considera su perspectiva y cosmovisión como la única correcta y perfecta agota a priori, desde el mismo instante en que se permite a sí mismo caer en dicha falacia, todas las posibilidades de expandir el propio entendimiento y crecimiento. En los casos más extremos la naturaleza humana puede a quedarse para siempre anclada en una indiferenciada estructura de "pre-persona", personalidad preedípica o conciencia abismal (Washburn, 1999). Por lo tanto, si lo que se persigue es el desarrollo y búsqueda de sentido de todo ser humano, es esencial ser capaz de reconocer que "mi" construcción, historia o narrativa personal es secundaria a una serie de factores relativos, como biografía, ambiente social, territorio, cultura, idioma, época, etc., y que aunque todos ellos son importantes al mismo tiempo son cambiantes y relativos por mucho sentido que se les otorgue o se les quiera dar. Lo cierto es que, aunque indudablemente significativos, nunca acotan ni definen la totalidad de mi/nuestra naturaleza, personalidad o potencialidad, desde humana a espiritual.<br /><br />I) Coordinación de intereses. Otro aspecto fundamental de la mentalidad necesaria para acceder a cualquier proceso de paz verdadero es ser capaz de soportar cualquier incomodidad y falta de confort psicológico sin desconectar de los demás. Este es un prerequisito fundamental para mantener la esperanza de poder salir eventual y conjuntamente al encuentro de soluciones creativas. Es un hecho irrefutable que para las personas que no poseen la capacidad de ver un asunto desde varias perspectivas diferentes (capacidad multiempática y multidimensional) se torna extremadamente difícil, si no imposible, desarrollar soluciones verdaderamente democráticas (democracia profunda), sincrónicamente cuantitativas y cualitativas, a problemas que involucran diversas partes, partidos e incluso sensibilidades alejadas e intereses contrapuestos. Por el contrario, siempre se contribuye a un ambiente favorable presentando conjuntamente las diferentes posturas de una forma desapasionada y desapegada de cualquiera de ellas. Conviene asimismo reconocer positivamente el hecho de que existe un conflicto de intereses como "un problema de todos", utilizando esto como algo que nos une como seres humanos más que como un hecho que separa a unos de otros. También es fundamental crear el mayor espacio posible para proporcionárselo a las preocupaciones de todos los contendientes, incluso "del enemigo". Finalmente, habrá que mantener en todo momento un elevado grado de delicada contumacia y sana curiosidad hacia la naturaleza íntima y necesidades "del otro" en orden a poder acceder a soluciones que sean legítimas para todos los participantes, reconociendo en todos que las emociones, por sí mismas, por limitadas y limitantes que sean, nunca mienten.<br /><br />J) Tacto. Consiste en decir y hacer la cosa correcta en el momento correcto. La falta de capacidad para la empatía habitualmente se manifiesta por la falta de "tacto". El tacto es un don, un signo de maduración psicológica, contrario a la necedad. Las personas sin él no han de participar en ningún proceso o vía que aspire a la paz pues son sistemáticamente contraproducentes.<br /><br />K) Capacidad para "descentrarse", salirse emocionalmente de la vorágine del conflicto. A esta capacidad y virtud sólo tienen acceso aquellos cuya motivación está comprometida con principios éticos universales, es decir, válidos para todos, y no parciales y egocéntricos. Se requiere un gran coraje moral, fe clarificada, altruismo y generosidad para colocarse en una posición de testigo externo, tanto del conflicto como más allá de uno mismo (actitud transegoica o trans-personal).<br /><br />L) Cadena de amistades profundas y eslabonadas: mediación integral y multidireccional sin intermediarios. También es fundamental la creación de confianza a base de la formación de un eslabonamiento creciente de amistades sinceras que bajo cualquier circunstancia, por extrema que sea, se quieran, aprecien y respeten mutuamente las unas a las otras; es decir, que sin excepción alguna "estén de acuerdo en que pueden no estar de acuerdo" sin que eso, o cualquier otro factor, fragmente su relación creativa. Dicha forma es la más sana en orden a cubrir de forma natural todo el rango de sensibilidades involucradas en un determinado conflicto. Cada una de ellas ha de tener un contacto escalonado, adyacente y familar, con el tipo de confianza que une a las amistades profundas, una complicidad creativa que nunca traicionará al amigo. Se crea así una cadena que va desde un extremo al otro en la que cada paso está representado por una persona o nivel de confianza para el siguiente eslabón de la red (networking). Se llega así desde un extremo al otro, acogiendo representatividades válidas y creíbles de todas las sensiblidades involucradas. Esto facilita todo tipo de comunicación bidireccional y multidimensional (dialógica abierta). Al mismo tiempo las personas mediadoras han de presentar las siguientes características: a) No ser egocéntricas, vanidosas, y sobre todo estúpidas, tal como sugirió Isaac Rabin al comienzo de las conversaciones de paz hebreo-palestinas; b) Constituir seres con elevadas miras, prescindiendo de su extracción cultural o ideológica; c) Ser personas que comprendan que hay que evitar, sobre todo al principio, hasta que un elevado grado de confianza se haya instaurado, los asuntos más peliagudos y emocionales, d) Hombres o mujeres que busquen la unión básica que existe entre los seres humanos, evitándose aquellos cuyo papel es buscar separaciones y rupturas psicológicas; e) Personas capaces para estar completa y mentalmente presentes bajo cualquier circunstancia, por desapacible que sea; f) Individuos que deseen el bienestar de todos sin excepción como parte integrante de la totalidad del Conjunto Vital; g) Buscadores de una perspectiva benevolente y universal que sea válida y capaz de acoger e incluir todos los extremos y limar las aristas más puntiagudas y agresivas.<br /><br />M) Preceptos para la construcción de una sociedad culta y esclarecida. Contexto antes que texto, conciencia antes que ciencia. A nivel internacional, el nuevo y multidisciplinar campo de la Psicología Transpersonal y su rama de Política Integral (Boulder, Colorado), y con ella algunas de las mentes más avanzadas y actitudes culturales más prominentes de hoy en día, sugieren que la política ha de ser encuadrada en nuevos marcos conceptuales. El primer cambio se refiere al campo de la creación y descubrimiento de las motivaciones más sanas, creativas y elevadas (Maslow, 1989). Esto transmite la consideración de cuáles son los logros deseables y satisfactorios tanto para mayorías como para minorías. El objetivo de la nueva política (conocida como "Tercer Camino" y/o "Cuarta Vía") es acoger tanto la continua mejora y reforma de las estructuras externas u objetivas: estructuración, impuestos, seguridad social, sistema educativo, etc., como las internas o subjetivas: identidades, crecimiento personal, valores y motivaciones (Combs, 2000; Wilber 2000a; Wilpert, 2000).<br /><br />N) Democracia profunda y comunicación no-violenta. Otro objetivo fundamental para la pacificación de conflictos consiste en lograr una "democracia profunda" (Mindell, 1995) mediada por un sistema de "comunicación no violenta" (Rosenberg, 1999), que lleve a la máxima autorrealización de las necesidades básicas de todas las facciones de un conflicto de forma integrada y escalonada. Los factores a evitar son la discriminación entre grupos, la manipulación y la dominación de unos sobre otros, ya sea, por igual, de mayorías sobre minorías o viceversa.<br /><br />Por democracia profunda se entiende el compromiso de que cada cuál tenga la máxima libertad posible para tomar sus propias decisiones y expresar sus necesidades y preocupaciones, siempre en ausencia de coacción, manipulación, presión emocional, demandas rígidas e incondicionales o violencia impositiva. En orden a avanzar en la línea de la democracia profunda se requiere una cierta modificación de carácter y comportamiento. Ello implica, y a su vez exige, aprender a relacionarse con los mejores y más sanos aspectos presentes en cada ser humano, tanto de uno mismo como de los demás, a la vez que estimula la preservación de la sinceridad y la espontaneidad, con exclusión de agendas escondidas y manipuladoras. Conlleva una actitud de benevolencia y compasión universales por todos los seres, comenzando por nosotros mismos, más allá de ideología alguna, incluso sin tener en cuenta la pertenencia grupal y en orden a lograr el máximo bien posible para todos.<br /><br />El diálogo dialógico que se induce a través de la actitud y perspectiva de la llamada democracia profunda es además el mejor antídoto contra todo egoísmo, egocentrismo y narcisismo, personal o de grupo. Esta dialéctica empática se esfuerza en buscar una disminución de la necesidad de defenderse de toda agresividad ambiental a base de la progresiva creación de una confianza mutua. Ésta viene dada por un comportamiento decente y elevadamente humano de todos los seres mentales y conscientes para con todos los demás. Dicha percepción de la realidad, externa e interna, ha de estar preparada para ir en contra de las opiniones prevalentes permaneciendo dentro de una pasividad creativa como "vía crítico-constructiva", mientras acepta todo criticismo receptiva y humildemente, aunque sin dejar de ser ella misma ni dejarse manipular interesadamente por ninguna de las partes en conflicto.<br /><br />En su sentido más explícito y creativo, la rama de la Política Integral dirigida a la resolución de conflictos ha de convertirse en una poderosa arma para trascender toda mentalidad confrontadora, esa tendencia, siempre insana, que trata de imponer por la fuerza (bruta o psicológica, activa o pasiva, mayoritaria o minoritariamente) nuestra cosmovisión preferida sobre todas y todos los demás. Su misión es poner en su sitio los cimientos y bases preliminares que ayuden a superar los bloqueos existentes. Finalmente, ciertos conflictos, por dolorosos que sean, pueden mostrar una cara creativa y positiva si logramos convertirlos en oportunidades de crecimiento, desbloqueo y superación de creencias convencionales y preconvencionales, que sistemáticamente tienden a degenerar en formas limitadas, y así falseadas, de autoestima, personal o grupal. Este profundo defecto y limitación caracterológica confunde el verdadero amor propio con un vulgar y rampante narcisismo, lo que revela una actitud emocional pobremente desarrollada y evolucionada (first-tier thinking). Mientras tanto, el nuevo paradigma, tanto mental como conceptual, e incluso espiritual (second-tier thinking), ayuda en gran manera a trascender voluntariamente, sin destruir, otras auto-imágenes limitadoras de nosotros mismos y de nuestras propias potencialidades que, desgraciadamente, han sido adquiridas por la costumbre y el medio ambiente, evitando y luchando a su vez contra los muchos patrones repetitivos y automáticos de comportamiento, así como motivaciones por debajo de las posibilidades vitales propias.<br /><br />O) La resolución final de una crisis o conflicto. Ésta ha de ser "universalmente legítima", es decir, válida para todas las partes, o la solución quedará siempre corta de toda expectativa de éxito de curación y sanación. La política creativa se convierte entonces en trabajar en la transformación de cómo nos relacionamos unos con otros, así como con los temas, en lo que afecta a los asuntos más importantes de la sociedad. La autotrascendencia voluntaria y pacífica de los modos y maneras preconvencionales y convencionales sirve asimismo para aspirar a cada vez más elevadas cotas de libertad de cada cuál, universalmente, saltando a un espíritu postconvencional a través de la cesura de un abismo que al otro lado muestra un nuevo camino que a su vez exige hacerlo y crearlo al andar, incluso desde el primer paso (Jordan, 1995). A nivel personal, la perspectiva postconvencional enseña a hacer sitio a los otros, seas quienes sean, estimulando su propia capacidad de expresión, comunicación e identidad no violenta. En la esfera pública contribuye a crear una confianza mutua a través de actos sinceros que trasmitan respeto y colaboración solidaria en el ámbito político al demostrar una determinación hacia la apertura, la escucha, la aceptación universal y la voluntad y compromiso de esforzarse constructivamente