, estrenada en noviembre de 1993; producida por Scott Rudin, dirigida por Barry Sonnenfeld y escrita por Paul Rudnick.

searcho Andre Andre a Andre o Specialists Andre esearchl Sexpartylady Specialists esearchà Specialists c Specialists la Specialists osearch i Specialists tsearchasearchm Andre n Sexpartylady e Specialists t Andre dssearchc Sexpartylady nc Specialists balsearchosearchr Sexpartylady bsearchosearch(searchon Specialists a Sexpartylady e Sexpartylady csearchp Sexpartylady ia³n Andre d Sexpartylady an Sexpartylady n Andre à Specialists o Sexpartylady g Specialists rosearch, Specialists y aosearch usearchnsearchs Sexpartylady i Sexpartylady c Sexpartylady ue Specialists Specialists osearch searchi Andre ±searchs Specialists jsearchdsearch­ Andre ssearchcn Sexpartylady kp Andre ¡s. Andre ( Andre o csearchesearchtsearch,aten Specialists r Sexpartylady cabell Specialists r Andre biosearchssearch Sexpartylady e co Andre o Specialists usearchap Andre t Specialists l Sexpartylady g Specialists ­search, Sexpartylady d m Andre ner Andre Specialists usearch c Andre a Specialists d Specialists Andre l Andre bsearchbà Specialists Asearchd Sexpartylady m Sexpartylady Specialists e Sexpartylady ca Sexpartylady e Sexpartylady lo oscur Andre temsearcho Specialists alm Andre nsearche searchesearchvual Specialists e searchubio, hay una crisis familiar.) El niño judío se representa con cabello oscuro, usa lentes, y físicamente parece frágil y no atlético; frecuentemente hace comentarios precoces e inteligentes, y es severamente castigado por los adultos güeros por leer un libro altamente intelectual.

Los malvados niños gentiles son lo opuesto: rubios, atléticos, y nada intelectuales. Junto con otros niños de cabello oscuro de varios grupos étnicos y niños gentiles rechazados por sus compañeritos (por su gordura, etc.), el niño judío y la familia de niños Addams encabezan un movimiento muy violento que tiene éxito en destruir al enemigo rubio. La película es una parábola que ilustra el impacto general de la actividad judía tanto intelectual como en acción política en lo que se refiere a la inmigración y al multiculturalismo en las sociedades occidentales (véase el capítulo 7).

También es consistente con el impacto general de las películas de Hollywood. SAID (cap. 2) reseña la información sobre el dominio judío en la industria del entretenimiento en los Estados Unidos. Powers, Rothman y Rothman (1996, 207) caracterizan a la televisión como proveedora de valores liberales y cosmopolitas, y Lichter, Lichter y Rothman (1994, 251) creen que la televisión pone al pluralismo cultural en términos positivos: un pluralismo situado aparte de las actividades de unos cuantos ignorantes o prejuiciosos malhechores.

51. Heller combina la crítica social con una fuerte identidad judía. En una plática descrita en The Economist (marzo 18, 1995, pág. 92), Heller es citada diciendo: “el ser judía me informa sobre todo lo que hago. Mis libros se convierten cada vez más judíosâ€.

52. Las elipsis dicen lo siguiente:

“La destrucción del principio semítico, la extirpación de la religión judía, sea en su forma mosaica o cristiana; la igualdad natural del hombre y la abrogación de la propiedad, son proclamados por las sociedades secretas que forman gobiernos provisionales, y hombres de raza judía se encuentran a la cabeza de cada una de ellasâ€.

Rather (1986) observa que los antisemitas que creían en conspiraciones judías frecuentemente citan ese pasaje, así como los Protocolos, al fundamentar sus teorías. También señala, citando a Roberts (1972), que la visión de Disraeli que los eventos están controlados por vastas conspiraciones internacionales era un lugar común en el siglo XIX. Rather relaciona estas creencias con la sociedad secreta al centro del movimiento sicoanalítico (véase cap. 4) así como con una sociedad secreta llamada “los hijos de Moshe†organizada por el sionista Ahad Ha’am (Asher Ginsberg), cuyo trabajo se discute en SAID (cap. 5).

53. Este pasaje es invocado por Lucien Wolf, secretario del Comité Extranjero Conjunto de la Mesa de Directores de la Asociación Anglo-Judía, para racionalizar el apoyo judío a los movimientos revolucionarios rusos (véase Szajkowski 1967, 9).

54. La ideología del Nuevo Cristiano implica que los miembros de un grupo altamente cohesivo y económicamente exitoso buscan ser juzgados como individuos más que como miembros de un grupo por la sociedad circundante. Es interesante que el imperativo moral de juzgar en base al mérito individual también fue un tema en el trabajo del escritor decimonónico Michael Beer (véase Kahn 1985, 122), y también es un tema central en el contemporáneo y neoconservador movimiento de intelectuales judíos. Beer fue forzado a disfrazar la identidad de su protagonista como un hindú de casta baja porque era improbable que su audiencia viera positivamente a un protagonista judío.

55. La tesis de Castro es que el rezago económico e intelectual fue un enorme precio que España pagó por su exitosa resistencia a la ideología del mérito individual. Como se señaló en SAID (cap. 1), las ideologías de la mala adaptación pueden desarrollarse en un contexto de conflicto de grupos porque proveen una identidad social positiva social en oposición al grupo externo. Por lo mismo, era improbable que España se moviera hacia una sociedad posilustrada e individualista cuando se sabía que los partidarios del individualismo mantenían alianzas encubiertas hacia un grupo altamente cohesivo.

56. Paul Johnson (1988, 408) es de la opinión de que la iconoclasia judía simplemente aceleraba “cambios que de cualquier manera ya se venían venir. Los judíos eran iconoclastas naturales. Con habilidad y júbilo feroz, al igual que los profetas se dedicaban a golpear y a derribar todos los ídolos de las formas convencionalesâ€.

Esto esencialmente trivializa los efectos de los esfuerzos intelectuales judíos. La postura de Johnson es inconsistente con su propia afirmación de que la emergencia de los judíos en el discurso de los principales movimientos intelectuales “fue un evento de importancia devastadora en la historia del mundo†(págs. 340-341). Johnson no ofrece evidencia alguna sobre su opinión de que los cambios promulgados por los intelectuales judíos eran inevitables. Es sabido que el judaísmo tradicional no promovía la iconoclasia dentro de la comunidad judía (recuérdese el destino de Spinoza y la naturaleza generalmente autoritaria de los controles comunitarios en la sociedad tradicional judía [PTSDA, Ch. 8]). El saber tradicional de los judíos tampoco promovía la iconoclasia. Aunque los estudios talmúdicos sí promueven la argumentación (pilpul; véase PTSDA, cap. 7), estas discusiones fueron realizadas dentro de un espacio estrechamente definido, en donde las suposiciones básicas no eran cuestionadas.

En el mundo posterior a la Ilustración, la iconoclasia judía fue claramente mucho más dirigida a la cultura gentil que al judaísmo, y la evidencia presentada aquí y en los subsecuentes capítulos sugiere que la iconoclasia fue a menudo motivada por la hostilidad hacia la cultura gentil. A partir de la misma historia de Johnson, tanto el marxismo como el sicoanálisis difícilmente habrían surgido en los gentiles, ya que ambas corrientes contienen fuertes matices de pensamiento religioso judío, y yo argüiría que es particularmente difícil que el sicoanálisis hubiera surgido excepto como herramienta en una guerra de la cultura gentil. Los resultados fueron posibles debido al coeficiente intelectual generalmente alto en cuestiones verbales entre los judíos, y a sus habilidades de formar grupos cohesivos: ahora dirigidos a criticar a la cultura gentil más que a comprender la Torá, logrando así un estatus dentro de la comunidad judía.

57. El comentario que se refiere a la “oposición solitaria†es insincera, debido a que desde sus orígenes el sicoanálisis fue caracterizado por una fuerte conciencia grupal que emanaba del núcleo de su membresía. El sicoanálisis mismo cultivó con vigor la imagen de Freud como un solitario héroe y científico que luchó por la verdad en contra de un establishment intelectual prejuicioso. Véase el capítulo 4.

58. Lenz (1931, 675) señala la asociación histórica entre los intelectuales judíos y el lamarckianismo en Alemania, así como sus matices políticos. Cita una declaración “extremadamente característica†del judío intelectual: “que la negación de la importancia racial y de las características adquiridas favorece el odio racial.â€

La obvia interpretación de tales sentimientos es que los intelectuales judíos se oponen a la selección natural debido a las posibles implicaciones negativas de estos hallazgos en la política. La sugerencia de que estos intelectuales estuvieran concientes de las diferencias étnicas entre los judíos y los alemanes pero que deseaban negar su importancia por razones políticas es un ejemplo del engaño como aspecto del judaísmo en su estrategia evolutiva (SAID, caps. 6-8).

Por cierto, Lenz señala que el lamarckiano Paul Kammerer, un judío, se suicidó cuando denunciaron su fraude científico en un artículo de la prestigiosa revista británica Nature. (Los puntos negros en las ranas, que supuestamente probarían la teoría lamarckiana, fueron producto de inyecciones de tinta.) Lenz declara que la mayoría de sus conocidos judíos aceptaron al lamarckianismo porque querían creer que podían llegar a ser “transformados en auténticos teutones.†Tal creencia puede ser un ejemplo de engaño, ya que promueve la idea de que los judíos pueden convertirse en “genuinos teutones†simplemente al “escribir libros acerca de Goethe†en palabras del comentarista, a pesar de mantener su separatismo genético.

En una nota (Lenz 1931, 674n), Lenz reprende tanto a los antisemitas como a los judíos de su tiempo; los primeros por no aceptar la gran influencia judía en la civilización moderna, y los últimos por condenar toda discusión del judaísmo en términos de raza. Lenz declara que la oposición judía a la discusión sobre la raza “inevitablemente suscita la impresión de que ellos deben tener una razón para no desear ningún tipo de indagación sobre líneas racialesâ€. Lenz nota que los sentimientos lamarckianos han llegado a ser menos comunes entre los judíos cuando la teoría fue completamente desacreditada. Sin embargo, dos prominentes e influyentes intelectuales judíos, Franz Boas (Freeman 1983, 28) y Sigmund Freud (véase cap. 4), continuaron aceptando el lamarckianismo mucho después de que hubiera sido completamente desacreditado.

59. Quisiera agradecer a Hiram Caton por sus comentarios y contribuir en la discusión sobre la escuela de Boas en antropología.

60. Aunque Kroeber no es consciente de mantener una agenda política, su educación en un medio judío de izquierdas pudo haber tenido una influencia duradera. Frank (1997, 734) nota que Kroeber se educó en escuelas ligadas al movimiento Cultura Ética, “un vástago del judaísmo reformado†relacionado a los programas de educación de izquierda y caracterizado por la ideología de una fe humanista que abarca a toda la humanidad.