, estrenada en noviembre de 1993; producida por Scott Rudin, dirigida por Barry Sonnenfeld y escrita por Paul Rudnick.
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Los malvados niños gentiles son lo opuesto: rubios, atléticos, y nada intelectuales. Junto con otros niños de cabello oscuro de varios grupos étnicos y niños gentiles rechazados por sus compañeritos (por su gordura, etc.), el niño judÃo y la familia de niños Addams encabezan un movimiento muy violento que tiene éxito en destruir al enemigo rubio. La pelÃcula es una parábola que ilustra el impacto general de la actividad judÃa tanto intelectual como en acción polÃtica en lo que se refiere a la inmigración y al multiculturalismo en las sociedades occidentales (véase el capÃtulo 7).
También es consistente con el impacto general de las pelÃculas de Hollywood. SAID (cap. 2) reseña la información sobre el dominio judÃo en la industria del entretenimiento en los Estados Unidos. Powers, Rothman y Rothman (1996, 207) caracterizan a la televisión como proveedora de valores liberales y cosmopolitas, y Lichter, Lichter y Rothman (1994, 251) creen que la televisión pone al pluralismo cultural en términos positivos: un pluralismo situado aparte de las actividades de unos cuantos ignorantes o prejuiciosos malhechores.
51. Heller combina la crÃtica social con una fuerte identidad judÃa. En una plática descrita en The Economist (marzo 18, 1995, pág. 92), Heller es citada diciendo: “el ser judÃa me informa sobre todo lo que hago. Mis libros se convierten cada vez más judÃosâ€.
52. Las elipsis dicen lo siguiente:
“La destrucción del principio semÃtico, la extirpación de la religión judÃa, sea en su forma mosaica o cristiana; la igualdad natural del hombre y la abrogación de la propiedad, son proclamados por las sociedades secretas que forman gobiernos provisionales, y hombres de raza judÃa se encuentran a la cabeza de cada una de ellasâ€.
Rather (1986) observa que los antisemitas que creÃan en conspiraciones judÃas frecuentemente citan ese pasaje, asà como los Protocolos, al fundamentar sus teorÃas. También señala, citando a Roberts (1972), que la visión de Disraeli que los eventos están controlados por vastas conspiraciones internacionales era un lugar común en el siglo XIX. Rather relaciona estas creencias con la sociedad secreta al centro del movimiento sicoanalÃtico (véase cap. 4) asà como con una sociedad secreta llamada “los hijos de Moshe†organizada por el sionista Ahad Ha’am (Asher Ginsberg), cuyo trabajo se discute en SAID (cap. 5).
53. Este pasaje es invocado por Lucien Wolf, secretario del Comité Extranjero Conjunto de la Mesa de Directores de la Asociación Anglo-JudÃa, para racionalizar el apoyo judÃo a los movimientos revolucionarios rusos (véase Szajkowski 1967, 9).
54. La ideologÃa del Nuevo Cristiano implica que los miembros de un grupo altamente cohesivo y económicamente exitoso buscan ser juzgados como individuos más que como miembros de un grupo por la sociedad circundante. Es interesante que el imperativo moral de juzgar en base al mérito individual también fue un tema en el trabajo del escritor decimonónico Michael Beer (véase Kahn 1985, 122), y también es un tema central en el contemporáneo y neoconservador movimiento de intelectuales judÃos. Beer fue forzado a disfrazar la identidad de su protagonista como un hindú de casta baja porque era improbable que su audiencia viera positivamente a un protagonista judÃo.
55. La tesis de Castro es que el rezago económico e intelectual fue un enorme precio que España pagó por su exitosa resistencia a la ideologÃa del mérito individual. Como se señaló en SAID (cap. 1), las ideologÃas de la mala adaptación pueden desarrollarse en un contexto de conflicto de grupos porque proveen una identidad social positiva social en oposición al grupo externo. Por lo mismo, era improbable que España se moviera hacia una sociedad posilustrada e individualista cuando se sabÃa que los partidarios del individualismo mantenÃan alianzas encubiertas hacia un grupo altamente cohesivo.
56. Paul Johnson (1988, 408) es de la opinión de que la iconoclasia judÃa simplemente aceleraba “cambios que de cualquier manera ya se venÃan venir. Los judÃos eran iconoclastas naturales. Con habilidad y júbilo feroz, al igual que los profetas se dedicaban a golpear y a derribar todos los Ãdolos de las formas convencionalesâ€.
Esto esencialmente trivializa los efectos de los esfuerzos intelectuales judÃos. La postura de Johnson es inconsistente con su propia afirmación de que la emergencia de los judÃos en el discurso de los principales movimientos intelectuales “fue un evento de importancia devastadora en la historia del mundo†(págs. 340-341). Johnson no ofrece evidencia alguna sobre su opinión de que los cambios promulgados por los intelectuales judÃos eran inevitables. Es sabido que el judaÃsmo tradicional no promovÃa la iconoclasia dentro de la comunidad judÃa (recuérdese el destino de Spinoza y la naturaleza generalmente autoritaria de los controles comunitarios en la sociedad tradicional judÃa [PTSDA, Ch. 8]). El saber tradicional de los judÃos tampoco promovÃa la iconoclasia. Aunque los estudios talmúdicos sà promueven la argumentación (pilpul; véase PTSDA, cap. 7), estas discusiones fueron realizadas dentro de un espacio estrechamente definido, en donde las suposiciones básicas no eran cuestionadas.
En el mundo posterior a la Ilustración, la iconoclasia judÃa fue claramente mucho más dirigida a la cultura gentil que al judaÃsmo, y la evidencia presentada aquà y en los subsecuentes capÃtulos sugiere que la iconoclasia fue a menudo motivada por la hostilidad hacia la cultura gentil. A partir de la misma historia de Johnson, tanto el marxismo como el sicoanálisis difÃcilmente habrÃan surgido en los gentiles, ya que ambas corrientes contienen fuertes matices de pensamiento religioso judÃo, y yo argüirÃa que es particularmente difÃcil que el sicoanálisis hubiera surgido excepto como herramienta en una guerra de la cultura gentil. Los resultados fueron posibles debido al coeficiente intelectual generalmente alto en cuestiones verbales entre los judÃos, y a sus habilidades de formar grupos cohesivos: ahora dirigidos a criticar a la cultura gentil más que a comprender la Torá, logrando asà un estatus dentro de la comunidad judÃa.
57. El comentario que se refiere a la “oposición solitaria†es insincera, debido a que desde sus orÃgenes el sicoanálisis fue caracterizado por una fuerte conciencia grupal que emanaba del núcleo de su membresÃa. El sicoanálisis mismo cultivó con vigor la imagen de Freud como un solitario héroe y cientÃfico que luchó por la verdad en contra de un establishment intelectual prejuicioso. Véase el capÃtulo 4.
58. Lenz (1931, 675) señala la asociación histórica entre los intelectuales judÃos y el lamarckianismo en Alemania, asà como sus matices polÃticos. Cita una declaración “extremadamente caracterÃstica†del judÃo intelectual: “que la negación de la importancia racial y de las caracterÃsticas adquiridas favorece el odio racial.â€
La obvia interpretación de tales sentimientos es que los intelectuales judÃos se oponen a la selección natural debido a las posibles implicaciones negativas de estos hallazgos en la polÃtica. La sugerencia de que estos intelectuales estuvieran concientes de las diferencias étnicas entre los judÃos y los alemanes pero que deseaban negar su importancia por razones polÃticas es un ejemplo del engaño como aspecto del judaÃsmo en su estrategia evolutiva (SAID, caps. 6-8).
Por cierto, Lenz señala que el lamarckiano Paul Kammerer, un judÃo, se suicidó cuando denunciaron su fraude cientÃfico en un artÃculo de la prestigiosa revista británica Nature. (Los puntos negros en las ranas, que supuestamente probarÃan la teorÃa lamarckiana, fueron producto de inyecciones de tinta.) Lenz declara que la mayorÃa de sus conocidos judÃos aceptaron al lamarckianismo porque querÃan creer que podÃan llegar a ser “transformados en auténticos teutones.†Tal creencia puede ser un ejemplo de engaño, ya que promueve la idea de que los judÃos pueden convertirse en “genuinos teutones†simplemente al “escribir libros acerca de Goethe†en palabras del comentarista, a pesar de mantener su separatismo genético.
En una nota (Lenz 1931, 674n), Lenz reprende tanto a los antisemitas como a los judÃos de su tiempo; los primeros por no aceptar la gran influencia judÃa en la civilización moderna, y los últimos por condenar toda discusión del judaÃsmo en términos de raza. Lenz declara que la oposición judÃa a la discusión sobre la raza “inevitablemente suscita la impresión de que ellos deben tener una razón para no desear ningún tipo de indagación sobre lÃneas racialesâ€. Lenz nota que los sentimientos lamarckianos han llegado a ser menos comunes entre los judÃos cuando la teorÃa fue completamente desacreditada. Sin embargo, dos prominentes e influyentes intelectuales judÃos, Franz Boas (Freeman 1983, 28) y Sigmund Freud (véase cap. 4), continuaron aceptando el lamarckianismo mucho después de que hubiera sido completamente desacreditado.
59. Quisiera agradecer a Hiram Caton por sus comentarios y contribuir en la discusión sobre la escuela de Boas en antropologÃa.
60. Aunque Kroeber no es consciente de mantener una agenda polÃtica, su educación en un medio judÃo de izquierdas pudo haber tenido una influencia duradera. Frank (1997, 734) nota que Kroeber se educó en escuelas ligadas al movimiento Cultura Ética, “un vástago del judaÃsmo reformado†relacionado a los programas de educación de izquierda y caracterizado por la ideologÃa de una fe humanista que abarca a toda la humanidad.