e Andre o Funky h Funky yu Tag aaio Andre searchaeao Funky m Funky Andre n searchoo Funky esearcht Tag :s Sexpartylady Tag a Funky v Andre d Sexpartylady Funky e Tag lsearchesearcht Sexpartylady Funky o Tag t Tag esearche Funky nisearchg Funky Sexpartylady eati Tag o Andre e Sexpartylady o Andre usearchiv Tag , Andre Funky paraqsearch l Funky ssearchdf Funky nsearcho Funky esahsearchn Funky pr Funky p Tag g Tag d searchssearchasearch searchd Tag olsearchgsearchas Andre can searchansearchaine Andre ssearchd Sexpartylady d Funky searchasearch c Andre nssearchi Andre ntesearch Tag e Andre losearch Andre at Sexpartylady d Sexpartylady s Tag o Funky Tag tsearchcos? Tag Funky Por searchu Funky msearchchs Sexpartylady eesearchtas Andre esearchsoaas ae Sex Party Lady hanidensearchisearchi Funky asearcho Andre o Funky sup Funky opsearcho Tag gruo étnico e intereses, y por qué otro tanto insistió en que el pluralismo cultural y la validación propia de los grupos etnocéntricos minoritarios son absolutos morales? Por sus propias suposiciones es sólo un juego sin sentido. A nadie debiera importar quién gane o pierda. Por supuesto, el engaño y el autoengaño pueden estar involucrados. He tomado nota (pág. 195) de que una agenda política ha sido hacer que los pueblos de origen europeo en los Estados Unidos vean toda preocupación sobre su propio eclipse demográfico y cultural como irracional y como una indicación de psicopatología.

Si se acepta que la variación genética tanto dentro del grupo como entre grupos no es trivial (es decir, si la evolución es un proceso continuo), entonces el principio de una inmigración relativamente sin restricciones, al menos bajo las condiciones existentes en las sociedades occidentales a finales del siglo XX, implica claramente el altruismo por parte de algunos individuos y grupos establecidos. Sin embargo, aunque el éxito de los movimientos intelectuales analizados en este volumen es una indicación de que la gente puede ser inducida al altruismo hacia otros grupos, dudo bastante que tal altruismo continuará si el estado y el poder político de los grupos derivados de Europa disminuye mientras que aumenta el poder de otros grupos. La predicción, tanto a nivel teórico como en base a la investigación de la identidad social, es que a medida que otros grupos se vuelvan cada vez más poderosos y relevantes en una sociedad multicultural, la población de origen europeo de los Estados Unidos se unirá cada vez más. Y entre estos pueblos, las otras influencias de división social—como las cuestiones relacionadas con el género y la orientación sexual, las diferencias de clase social o religiosas—se considerarán cada vez con menor y menor importancia.

Con el tiempo estos grupos desarrollarán un frente unido y una orientación colectivista vis-à-vis los otros grupos étnicos. Otros grupos serán expulsados si es posible o se crearán particiones, y las sociedades occidentales se someterán a un nuevo período medieval.

Los intereses judíos en la política de inmigración son un ejemplo de conflicto de intereses entre judíos y gentiles sobre la construcción de la sociedad. Este conflicto de intereses se extiende mucho más allá de la política de inmigración. Hay una conciencia creciente de que la revolución contracultural de la década de los sesenta fue un hito en la historia de los Estados Unidos. Tal concepción es compatible con el trabajo de Roger Smith (1988), que muestra que, hasta el triunfo del modelo pluralista con la revolución contracultural de los sesenta, había tres modelos de competencia en la identidad estadounidense: el “liberal”, legado individualista de la Ilustración en base a “derechos naturales”; el ideal “republicano” de una sociedad cohesiva y socialmente homogénea (lo que he identificado como el prototipo de organización social occidental por armonía jerárquica); el “etnocultural”, tendencia que hace hincapié en la importancia en el desarrollo de la etnia anglosajona, y la preservación de las formas culturales de América.

Desde la perspectiva actual, no existe ningún conflicto fundamental entre las dos últimas fuentes en la identidad estadounidense: la homogeneidad y armonía social jerárquica puede ser lo mejor y más fácil de lograr en una sociedad étnicamente homogénea de pueblos derivados del espacio cultural europeo. De hecho, al mantener la exclusión de los chinos en el siglo XIX, el juez Stephen A. Field señaló que los chinos eran inasimilables, y que destruirían el ideal republicano de la homogeneidad social.

Se indicó anteriormente que la incorporación de los pueblos no europeos, y especialmente de los pueblos derivados de África, a las formas culturales occidentales es profundamente problemática. Como se discutió en varias ocasiones en este volumen, el individualismo radical encarnado en el ideal de la Ilustración sobre los derechos individuales es especialmente problemático como fuente de estabilidad a largo plazo en una sociedad occidental debido al peligro de invasión y dominación por parte de las estrategias grupales, como el judaísmo, y la posibilidad de defección de las elites gentiles de los ideales de los otros dos modelos de organización social. Estos dos últimos eventos son particularmente susceptibles de destruir la cohesión social tan importante en las formas occidentales de organización social. Como señala Smith, las transformaciones de la sociedad americana en la era posterior a la Guerra Civil resultaron en el ideal liberal “que se oponía a la esclavitud, favorecía a la inmigración, y alentaba a las empresas al tiempo que protege los derechos de propiedad”. Eso planteó una grave amenaza para la vida colectiva en el mismo centro de la civilización americana.

Ese es el legado liberal de la civilización americana que los movimientos de judíos intelectuales analizados en este volumen han explotado al racionalizar la inmigración sin restricciones y la pérdida de la homogeneidad social que representa la fuerza unificadora de la religión cristiana. Como Israel Zangwill dijo al promover estrategias de inmigración judía sin restricciones, “díganles que están destruyendo los ideales americanos” (véase pág. 267). El efecto ha sido crear un nuevo ideal americano totalmente distinto a las fuentes históricas de identidad estadounidense:

Este ideal lleva a cabo el cosmopolitismo, la tolerancia y el respeto de la libertad humana de la tradición liberal más antigua, por lo que puede llamarse una versión moderna del ideal liberal. Sin embargo, es novedosa en su rechazo de los elementos absolutistas y de ley natural en el liberalismo de Locke en favor del pragmatismo moderno filosófico y del relativismo cultural. Y uno de sus principales arquitectos teóricos, el filósofo Horace Kallen, argumentó que el pluralismo cultural reconoce mejor la sociabilidad humana, nuestros apegos constitutivos con distintivos grupos étnicos, religiosos y culturales. Por lo tanto, concibe a Estados Unidos como una “democracia de nacionalidades, cooperando voluntariamente y de forma autónoma a través de instituciones comunes en la empresa de autorrealización a través de la perfección de los hombres según su especie” (Kallen 1924, 124). Dado que a todos los grupos e individuos se les debe garantizar igualdad de oportunidades para proseguir sus propios destinos, el legado de la nación sobre discriminaciones legales, raciales, étnicas y de género es inaceptable de acuerdo con el ideal pluralista cultural. Al mismo tiempo, no debe haber ningún esfuerzo para transformar la igualdad en uniformidad, o insistir en que todo ello ha de quedar integrado a un molde americanizado.

El ideal de pluralismo cultural democrático finalmente llegó a ser predominante en el derecho público americano en la década de los cincuenta y especialmente en los sesenta, y encuentra su expresión en la Ley de Derechos Civiles de 1964, la liberalización de 1965 en Inmigración y Naturalización, la Ley de 1965 sobre Derechos Electorales, en nuevos programas para proporcionar planes de estudio en sintonía con el diverso patrimonio cultural de cada nación, en las papeletas bilingües y publicaciones gubernamentales, y en las medidas de discriminación positiva. (Smith, 1988, 246)

Dentro de esta perspectiva, hay tolerancia para los distintos grupos, pero el resultado es una tendencia a “despreciar la importancia o incluso la existencia de una identidad nacional común” (Kallen 1924, 59). Kallen, por supuesto, era un judío muy fuertemente identificado como sionista, y no es de extrañar que su ideal cultural de los Estados Unidos represente una forma no occidental de organización social que se ajusta a los intereses judíos y ponga en peligro los intereses de los pueblos derivados de Europa en los Estados Unidos. Es una forma social que garantiza la continuidad del judaísmo como categoría social y como grupo étnico cohesivo, mientras que al mismo tiempo, dadas las características de los judíos le garantiza a éstos preeminencias económicas y culturales. Las políticas públicas basadas en esta conceptualización pueden tener efectos a largo plazo en la marginación tanto cultural como demográfica de los pueblos originados en Europa en los Estados Unidos. Debido a que éstos están menos organizados y son menos cohesivos que los judíos, y debido a un estado terapéutico que ha sido construido para hacer frente a las expresiones del etnocentrismo europeo-americano, se plantea la clara posibilidad de que, a largo plazo, los estadounidenses de origen europeo estarán fragmentados; políticamente sin poder y sin una identidad grupal efectiva en absoluto.

El conflicto de intereses entre judíos y gentiles en la construcción de una cultura va mucho más allá de la promoción del ideal multicultural. Debido a que genéticamente están mucho más inclinados a estrategias de alta inversión para sus hijos que los gentiles, los judíos son capaces de mantener su alta estrategia de inversión reproductiva incluso en ausencia de los tradicionales soportes culturales en Occidente en cuanto a la alta inversión parental (capítulo 4). Por lo mismo, en comparación con los gentiles los judíos son mucho más capaces de expandir su éxito económico y cultural sin esos soportes tradicionales de la cultural occidental. Como Higham (1984, 173) ha señalado, la idealización cultural de una ética judía esencialmente personal, hedonista y de intelectualidad se produjo a expensas de la ética rural más antigua de ascetismo y restricción sexual.

Por otra parte, los apoyos occidentales tradicionales de alta inversión parental habían sido incorporados a la ideología religiosa y, supongo, son difíciles de lograr en un medio posrreligioso. Sin embargo, como Podhoretz (1995, 30) señala, los intelectuales judíos, las organizaciones judías como el Congreso Judío-Americano y las organizaciones dominadas por judíos como la ACLU han ridiculizado las creencias cristianas; intentaron socavar la fuerza pública del cristianismo, y han luchado por levantar las restricciones a la pornografía. Además, hemos visto que el sicoanálisis, como movimiento intelectual dominado por judíos, ha sido un componente central de esta guerra contra la alta inversión de los padres gentiles con sus hijos. Lo que es más, hemos visto al sicoanálisis como poderoso movimiento intelectual que ha sido un componente central en esta guerra sobre la cultura gentil y sobre la parentela de alta inversión. Los judíos, debido a su poderosa propensión genética a la inteligencia y a la parentela de alta inversión, han sido capaces de prosperar en este entorno cultural, a diferencia de otros sectores de la sociedad. El resultado ha sido una creciente brecha entre el éxito cultural judío y gentil, y un desastre para la sociedad en su conjunto.

La revolución contracultural de la década de los sesenta puede ser incompatible con las libertades tradicionales de los Estados Unidos. Libertades estadounidenses tradicionales tales como la libertad de expresión de la Primera Enmienda (que se deriva de la Ilustración liberal) claramente han facilitado los intereses judíos para la construcción de la cultura, y los intereses que entran en conflicto con la posibilidad de construir una sociedad cohesionada en torno a una parentela de alta crianza de los hijos. Teniendo en cuenta que los medios de comunicación populares y el medio ambiente intelectual en las universidades prosperan gracias a la libertad que tienen las élites para producir mensajes socialmente destructivos, los movimientos políticos que intentan restaurar la cultural occidental tradicional y la parentela de alta inversión se verán obligados a restringir algunas libertades estadounidenses tradicionales (véase, por ejemplo, Bork, 1996).

Con los soportes culturales para una alta inversión los padres actúan como fuerzas externas de control social que maximizan la crianza de alta inversión entre todos los segmentos de la población, incluso aquellos que, por razones genéticas o ambientales, están relativamente poco dispuestos a participar en tales prácticas (MacDonald 1997, 1998b). Sin tales controles culturales, es absolutamente predecible que la desorganización social se incrementará y la sociedad en su conjunto seguirá disminuyendo.